Editorial

La edición de este número tiene varios aspectos a tener en cuenta. En primer lugar, sin que se haya propuesto o premeditado un número monográfico, los argumentos más reiterativos están relacionados con temas de ciudad, bien sea por parte de estudiantes o sea por algunos de los colaboradores externos; dentro del tema de ciudad, al que nuestra carátula de revista hace referencia, es importante ver cómo los estudiantes de diversos semestres han adelantado un ejercicio-observatorio académico, de visitas de campo, de encuentros e intercambios de conceptos con diversos profesionales. Este ejercicio, enfocado sobre el qué hacer y sugerir sobre el espacio público desde el Diseño Industrial, ha generado una dinámica muy visitada y comentada por estudiantes de otros cursos y diversos docentes al interior del Programa de Diseño Industrial. Con ello se ha visto un interés general hacia la necesidad de pensar la ciudad desde el quehacer del futuro diseñador industrial; que ha quedado reflejado en un trabajo que incorpora parte de las reflexiones que se vivieron al interior de estos cursos y de las dinámicas adelantadas por funcionarios –de variadas disciplinas– del Distrito Capital que participaron e hicieron entender que el tema de ciudad nos atañe a cada uno de quienes moramos este amplio territorio.

También el tema de ciudad hizo presencia en algunos de los artículos enviados por colaboradores externos, y lo más importante es que fue abordado por profesionales que enfocan el tema de la ciudad como un ineludible escenario de acción para los diseñadores y para cualquier profesión, ya que la ciudad no es otra cosa que un amplio espacio donde convergen múltiples sistemas, donde la parte humana será siempre el hecho central a tener en cuenta.

Otro aspecto es que en este número de MasD, no se deja de hacer referencia a otras temáticas que van asociadas con diversas instancias del diseño e incluso de la arquitectura y cómo existen aspectos tecnológicos que las pueden en un momento determinado compenetrar, sin perder cada una sus límites y su prospección; el querer evidenciar incorporar una mirada crítica del diseño, conlleva a hacernos cada vez más integrales y forjar sinergias más holísticas. Al menos en esta dirección debe apuntar la formación de cualquier rama del conocimiento en un mundo cada vez más complejo y más necesitado de la integración de todos a través de un diseño más incluyente, más accesible, en el que quepa toda la ciudadanía. En esto radica parte de esa mirada crítica a la que se quiere apostar desde diversos rincones académicos.

No sobraría considerar, desde una perspectiva muy personal, algunas inquietudes: la dimensión del diseño enfocada desde y hacia claras dinámicas sociales (que para el tema urbano son determinantes), al menos en lo que se refiere al quehacer de cualquier tipo de diseñador, no puede olvidar que para transformar –que es sinónimo de innovar– o aportar a la ciudad, se requiere vivir, sentir y ser parte de ella. No se trata de definir desde los escritorios, ni desde las aulas, a conveniencia, cualquier tipo de necesidades, se requiere ir y llegar a las personas. Bajo esta perspectiva, hacer ciudad o querer ser parte de ella, requiere convivir con los habitantes –sin distingos de ninguna clase–, reconocerlos. El diseño, en todas sus dimensiones, no nace sólo de una reunión de “expertos” en un tema, tomando decisiones lejos de la realidad, si queremos que el diseño plantee realidades, vivámoslas. No debe haber dictaduras del diseño, porque lo que de allí sale, por lo general es errático, descontextualizado, perverso. Por eso el diseñar para la ciudad requiere de una “mirada urbana”, que no es otra cosa que una mirada humana, hacer ciudad, como dice Jordi Borja, “supone reconocer estilos de vida y hacer parte de ellos”, pensar en lo contrario es seguir haciendo el diseño que nos ha sugerido el mundo moderno, un diseño impositivo, con ínfulas de universal, un diseño abstracto y al margen del contexto. El diseño debe comprometerse con la solución de grandes problemas, respondiendo a la realidad y su complejidad. Sólo aceptando este enfoque, a través de la participación y la interacción con los diversos actores, pueden apreciarse las necesidades y los desafíos en toda su complejidad y ofrecer soluciones evolutivas, cualitativas más que cuantitativas. Así es como se ha construido, a través de la historia, la dimensión intelectual y material de lo humano.

Teniendo en cuenta lo anterior, al hablar de investigación enfocada hacia el diseño, los laberintos que nos plantea el mundo real los vemos cuando cambiamos de lentes, no cuando continuamos con la miopía que prevalece en las aulas, ausentes de mundo y de gentes. Por ello, como he venido planteando desde hace tiempo, desde diversos ámbitos académicos y en la vida cotidiana, el diseño visto así, connota una condición política y una postura ideológica, el diseño per se es político (sin caer en demagogias), va dirigido a los humanos o a todo lo que concierne a la vida de ellos, y en esto incluyo a la misma polis, o ciudad, el lugar de la política. El quid de esto es saber reconocer, ser analíticos y críticos. La ciudad somos todos, es el Hábitat de y para todos, no deberían caber dictaduras procedentes de ningún campo del conocimiento, so pena de caer en un conocimiento parcializado que sólo sirve a los intereses y egos de unos pocos.

Por último, vale la pena reiterar nuevamente que, siendo el tema urbano buena parte del tema abordado en este número de MasD, se hace necesario reflexionarlo desde la misma misión y visión institucional, es decir, como un ámbito en donde cabe proponer su intervención desde una perspectiva de la calidad de vida, integrando la inclusión social como parte imprescindible de la misma.

 
Bogotá, 9 de diciembre de 2013
Fabio Enrique Forero Suárez, Arq. PhD.
Miembro del Comité Editorial
Facultad de Diseño, Imagen y Comunicación
Universidad El Bosque
 

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