Editorial

La evolución del diseño

A propósito de la celebración de la undécima edición de las Olimpiadas de Diseño, de las cuales nuestra Universidad y Facultad fueron anfitrionas, quedaron muchas gratas sensaciones y evidentes lecciones. De las sensaciones, puedo comentar, que el gusto de tener tantos representantes a nivel nacional, nos llena de orgullo como colombianos y diseñadores amantes de nuestro oficio. No es muy frecuente poder socializar con estudiantes y docentes de otras partes del país, de la manera que tuvimos oportunidad de hacerlo, y encontrar gente tan valiosa.

El evidenciar las competencias creativas de unos y otros, por medio de este escenario, que desde que fue creado por la Universidad Autónoma de Manizales ha dejado una huella bien profunda en la academia colombiana del diseño, fue muy grato. Personalmente, la participación en este evento, fue una evocación a mi época de estudiante, en la cual toda oportunidad se presentaba como nueva y esta ha sido una de las mas gratas.

Hablando de las lecciones, gracias al énfasis del evento alrededor de la cultura ciudadana, pude constatar que las competencias de nuestros futuros profesionales tiene una armonía parcial con los requerimientos de la realidad contemporánea y sus retos. Algunos ejemplos: el planteamiento de un proyecto de diseño, cuando los problemas y objetos no son el hilo conductor del ejercicio, el diseñador no se siente a gusto y por que no decirlo, perdido. Es como si el entendimiento de la plástica solo aplicara a lo objetual y no se entendiera que también aplica a lo social y cultural, en el caso de la cultura ciudadana; hay que moldear la cultura constantemente. Y, ¿dónde queda la realidad y su correcta lectura e interpretación por parte del creativo, cuando lo que se requiere, de manera manifiesta, es generar innovación en las relaciones de las personas y con su entorno, con lo cual los objetosproducto puedan emerger con excelencia plástica en campo fecundo?.

Otro ejemplo es aquel que se manifiesta en la poca habilidad del diseñador a pensar en el futuro de manera apropiada, a tener claro una adaptación al cambio, no como un espacio de especulación, sino como un escenario donde se pueden explorar un entramado de problemas sociales, económicos, éticos, biológicos y psicológicos, en el cual el diseño debe ser un articulador, que genere propuestas innovadoras que permitan enfrentar los retos del mañana. ¿ Sera que entendemos que día a día las propuestas que realizamos se quedan obsoletas a una velocidad admirable, y, sobretodo, entender como lo que aprendemos hoy va a solucionar problemas del futuro? Lo que es contundente es que “diseño” es un verbo que se conjuga sobretodo en futuro.

Y hablando de valores, los cuales tienen una reconstrucción constante en la sociedad, en la tendencia actual del valor agregado de la responsabilidad ambiental y social en las propuesta de diseño, es manifiesta la ingenuidad del innovador para poder entender un tejido de contenidos en un mundo multicultural, multidisciplinar y decididamente individualista, donde la tecnología esta formateando una plataforma que es transversal a todo acto humano. ¿ Somos conscientes de la ignorancia ética en la cual el diseñador navega y las consecuencias morales de este estado? y ¿hasta cuando se podrá sostener esta apatía por lo fundamental?

De allí la urgencia manifiesta de estar al ritmo que la realidad le exige al diseño, de que manera es participe de su evolución, y por consiguiente, la manera como la estamos enseñando a nuestros jóvenes. Un contexto, entre muchos, en donde se debe evidenciar esta armonía rítmica que es compleja, es la academia. Es allí donde la frontera entre el presente y futuro es bien evidente y muy cercana.

Hay que tener mas claro lo holista del concepto de la plástica, sin sacrificar la esencia del oficio; hay que complementarle y actualizarle. De la necesidad que nuestros estudiantes tengan espacios para estudiar y pensar el futuro (por ejemplo la lectura de ciencia ficción y su análisis). La incorporación en los programas de diseño de temáticas donde se forme al diseñador en temas de ética y bioética, teniendo la precaución de no caer en que la realidad sea una cosa y que estos recorridos sean otra. Todo esto, por citar algunas particularidades.

Es imperioso encontrar nuevas fuentes de generación de innovación, el oficio de diseño se vea acompañada de nuevos contenidos y relaciones, dándole así a nuestros estudiantes las herramientas que les permitan visualizar nuevos paisajes innovadores, para ofrecer a una sociedad como la nuestra, que esta cada día ávida de nuevos senderos, propuestas llenas de audacia y pertinencia, y por que no, de intensidad e irreverencia innovadora.

 
Felipe Ramirez Gil
Editor general, revista MasD
Bogotá, diciembre de 2012.

Última modificación: 15-12-2012 | Copyright Universidad El Bosque  | Licencia CC by-nc-sa