Editorial

Durante mi época de estudiante recuerdo las múltiples definiciones acerca del diseño; cada una dependía del profesor de turno. Entre ellas hubo una que aún resuena, diseñar es un acto de fe. Esta definición es aún valida, dado que al interior del mismo diseño no existe una evidencia del proceso creativo que realizamos y donde lo único que es visible es el producto. Es así como en algunos momentos pareciese que los diseñadores fueramos profesionales dotados con ciertas características innatas, casi mágicas, que nos permiten configurar productos, comunicación, vestidos, entre otros. Sin embargo, si esto es cierto, valdría la pena preguntar por la responsabilidad que tenemos quienes adelantamos procesos de formación en diseño.

Siendo así, vemos cómo en los diferentes talleres academicos de diseño surgen los profesores omnipotentes quienes determinan que es un buen proceso de diseño y que no, valorando para algunos casos con herramientas objetivas y en gran medida argumentos subjetivos, los resultados del ejercicio de diseñar. Bien valdría la pena preguntar y revisar sobre que estan evaluando dichas herramientas, ¿el ejercicio proyectual, la incorporación de condiciones ergonómicas, la interpretación del mercado, la apropiación tecnológica, la funcionalidad, los aspectos comunicativos, la usabilidad, la coherencia formal, entre otros? Muchas de estas condiciones pueden ser parametrizadas desde otros campos como la ingeniería, la psicología, la ergonomía. Ahora bien ¿desde que óptica evaluamos los aspectos estéticos del producto (dentro de los cuales esta la misma usabilidad, en la medida que principalmente esta es de tipo experiencial) y que en gran medida es el aporte que hacemos los diseñadores?

Como referente nacional podemos mencionar los diferentes foros y la investigación de la Asociación Colombiana Red Académica de Diseño (RAD), orientados a la fundamentación conceptual del diseño en las universidades colombianas que inicialmente fue planteada para el desarrollo de las pruebas ECAES para los programas de diseño, y que hoy vuelve a cobrar vigencia con la promulgación de la ley 1324 de 2009 que establece los parámetros y criterios de la evaluación de la educación. En dichos encuentros se plantearon las competencias que debe tener un diseñador basados en la resolución 3463 de 2003 formulados por un grupo de universidades (que posteriormente conformarían la RAD). Dichos parámetros de calidad de la educación en diseño fueron establecidos con base al desarrollo histórico de la formación y que a la vez evidencian la poca profundización que se hace en aspectos disciplinares, cayendo en el vicio de las definiciones personales dadas entre los diferentes directores de programas de ese entonces, que en una analogía medieval, pretenden proteger sus feudos con acuerdos tácitos y que buscaban evitar que un diseñador industrial hiciera el trabajo de un diseñador gráfico y viceversa, lo cual sin embargo no es claro con los desarrollos en los campos de la virtualidad y en el ámbito de las tecnologías de la información y la comunicación.

En las reuniones organizadas por el ICFES previas a la promulgación de la resolución, en la cual se definieron los componentes y competencias para los diseños, estas fueron establecidas más por la capacidad de la retorica para llegar a acuerdos que por investigaciones serias que permitieran argumentar los aspectos disciplinares asociados a la epistemología y por ende a la educación del diseño. Así mismo desde la redacción de las mismas competencias estas no están planteadas para describir desempeños por lo que resultan ambiguas y poco especificas, dejando nuevamente al diseño en el limbo de una creatividad mágica, inherente a nuestra naturaleza. De este modo ha quedado plasmado en un papel la voz del pueblo, la voz de dios, la cual independiente de que creamos o no es insuficiente para explicar lo que hacemos como diseñadores y más cuando nuestra función social es transmitir dicho conocimiento, el cual asumimos por un acto de fe.

Otra evidencia de la falta de contenido argumentativo disciplinar del diseño es la ocurrida en el pasado congreso bianual de investigaciones Diseño+ realizado por la universidad ICESI en Cali en el mes de octubre, en la cual al interior de las diferentes ponencias y “presencias” se evidenciaba de nuevo el vacio en los contenidos del diseño, vacío que tenemos que llenar con fe. Es común que la palabra diseño se acomode a diferentes concepciones tales como incluyente, social, concurrente, ergonomía, ecológico, emocional, estratégico entre otras, con el único fin de elaborar discursos para poder argumentar nuestro quehacer y que solo logran ubicarnos a la sombra de los avances de otras disciplinas y campos de desarrollo.

Para trascender la fe, para ir mas allá de ser predicadores cual única estrategia es la retórica con la cual evangelizamos estudiantes, el papel de los educadores en diseño es la de evidenciar los procesos por los cuales determinamos la configuración de un producto, determinar cuales es el conjunto de decisiones racionales que nos permiten realizar configuraciones plásticas acordes a un contexto determinado, pasando por encima de valoraciones subjetivas a priori, argumentando, discutiendo, negociando y validando nuestros desarrollos y sobre todo permitiendo y validando las diferencias estéticas de los diferentes contextos con los cuales trabajamos. Esto obliga a las instituciones asociadas a la educación en diseño a tener claridad en los procesos de evaluación. Esto es pensar en la fundamentación disciplinar, es pensar en los medios como validamos nuestros desarrollos, no por medios retóricos sino a través de la argumentación, con evidencias que demuestren la validación de nuestra toma de decisiones y que a la vez permitan la subjetividad.

La coyuntura de la prueba ECAES para diseño debe ser capaz de ponernos a reflexionar, investigar sobre estos asuntos y no al revés, evaluar nuestros acuerdos.

 
Alejandro Villaneda, D.I.
Facultad de Diseño, Imagen y Comunicación
Universidad El Bosque
Bogotá, abril de 2010.

Última modificación: 14-04-2010 | Copyright Universidad El Bosque  | Licencia CC by-nc-sa